La política esta de moda

Es tendencia: este año, el mundo fashion se ve atravesado por declaraciones ideológicas, consignas feministas y manifiestos sobre la pasarela.

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El mundo vive tiempos convulsionados. Desde que Donald Trump ganó las elecciones presidenciales en Estados Unidos, la crispación de los sectores liberales de la sociedad parece haberse agudizado: no pasa un día sin que haya un debate en redes sociales, una nueva indignación causada por sus políticas radicales, otra protesta en ciernes. Se han abierto múltiples frentes: desigualdad de género, racismo, discriminación a cuerpos que no se adaptan a la norma, homofobia, recortes a los derechos reproductivos de las mujeres, deportación ilegal de inmigrantes… La lista es larga y las causas, todas urgentes. 

De a poco, la moda fue ganando espacio en el debate. La punta de lanza fue el desfile de la colección masculina de Balenciaga, en enero. El diseñador Demna Gvasalia eligió poblar la pasarela de referencias al demócrata Bernie Sanders, quien había peleado contra Hillary Clinton por encabezar la fórmula electoral. El logo de su campaña apareció en buzos, camperas y bufandas. Desde entonces, los signos de la disconformidad no hicieron más que aumentar. En febrero, durante la Semana de la Moda de Nueva York, la actitud de la industria se vio bien resumida en la pasarela de la marca autóctona Public School: “Make America New York”, rezaba una camiseta roja en clara alusión al eslógan de campaña de Trump. El gesto también evidenciaba el abismo existente entre el microclima liberal que se respira en la Gran Manzana y el resto del país. 

La mayoría de los diseñadores eligió colocar consignas en la ropa: remeras, espaldas de camperas, inscripciones en accesorios. La troupe de moda tenía algo para decir y no se quedó callada. La tendencia se percibió también en el estilo callejero, ese gran circo que se monta alrededor del atuendo usado para asistir a un desfile. La ocasión era inmejorable: todos los ojos puestos en los cuerpos, todas las lentes listas para disparar y viralizar los mensajes. Prabal Gurung aprovechó el momento y, además de cerrar su desfile con una pasada alusiva, eligió a bloggers e influencers para que vistieran sus remeras políticas. Las consignas fueron variadas, pero resumieron el espíritu de la protesta: “Derribemos paredes”, “Soy inmigrante”, “Nuestras mentes, nuestros cuerpos, nuestro poder”, “La revolución no tiene fronteras”. 

El feminismo es, tal vez, la bandera más enarbolada en esta nueva era de moda y política. La estadounidense Mara Hoffman abrió su desfile con un manifiesto pronunciado por las fundadoras de la Marcha de las Mujeres de Washington. “Afirmamos nuestra humanidad compartida y pronunciamos un mensaje claro de resistencia y determinación. Debemos crear una sociedad en la que todas las mujeres sean libres”, dijeron. Los ecos de esta marcha se vieron también en la última pasarela de Missoni en Milán: en el cierre, las modelos llevaron el famoso pussy hat rosa, ícono de la protesta en enero. 

Religión e inmigración entraron en el debate con el gesto radical de Anniesa Hasibuan, diseñadora musulmana de origen indonesio que ya había presentado el año pasado su colección de Primavera 2017 con modelos vistiendo hijabs. Esta vez, además de repetir la controvertida prenda, realizó el casting entre chicas inmigrantes y de primera o segunda generación estadounidense. Sus diseños, que parten de la necesidades de vestuario específicas de la comunidad musulmana, abren un debate interesante para pensar el feminismo en relación con la moda y el cuerpo. En este sentido, el 8 de marzo se lanzó The Modist, una tienda online de moda de lujo con base en Londres y Dubái que realiza una curaduría de las prendas para mujeres que quieren o necesitan vestirse de manera recatada. La página ofrece a los mejores diseñadores: Mary Katrantzou, Alberta Ferreti, Peter Pilotto, entre otros. 

En nuestro país, el paro del 8 de marzo fue ocasión para que varios diseñadores y marcas de ropa tomaran postura. El dilema con respecto a los homenajes por el Día Internacional de la Mujer se hizo sentir: muchos optaron por no repetir consignas vacías o descuentos que alentaran el consumo bajo el engaño del regalo o la promoción alusiva. Otras fueron más allá: Carmen Alen, de la marca que lleva su apellido, cerró su tienda y pospuso la presentación de la colección, inicialmente pensada para el mismo día. Romina Cardillo de Nous Etudions se adhirió al paro y participó activamente de la marcha. Bianca Siconolfi, de Blackmamba, también estuvo presente en la movilización. 

Todavía no está claro el alcance de estas manifestaciones. ¿Se trata de muestras de frivolidad, de compromisos superficiales que no darán ningún fruto concreto o, por el contrario, de una manera efectiva de concientizar y poner en circulación nuevos mensajes? Hay una delgada línea entre la toma de postura y la acción orientada a la publicidad. En tiempos en que el marketing domina las redes sociales, la industria de la moda se enfrenta al desafío de captar lo que está sucediendo y dar un paso adelante.

Por Dolores Gil. 

Editorial Atlantida Editorial Televisa
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